JUGAR PAINTBALL EN UN CASTILLO DE COLORES |
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Si siempre quisiste ser John Rambo y te gustan los moretones como trofeos de guerra, no dudes en practicar este deporte de alta adrenalina, que privilegia la estrategia y el trabajo en equipo. Esto es paintball, un deporte que sigue sumando seguidores en nuestro país.
Santuario de la Naturaleza. Lo Barnechea, Santiago. Una casa abandonada en la precordillera es el escenario para un enfrentamiento de paintball en su modalidad indoor. Pronto se dará inicio a un intenso tiroteo. Una guerra casi real, sino fuera porque las balas son de pintura.
“Recuerden que la distancia mínima para disparar es de siete metros. Si hay menos distancia se debe apuntar a la persona y decirle: ‘muerto’. Tienen veinte minutos para defender la casa y ustedes para tratar de conquistarla...”, advierte Guillermo Estay, instructor de la empresa wargame.cl, que se dedica al desarrollo del paintball en Chile desde 1997. “Recuerden que el que es manchado debe salir del juego por su propia cuenta. Respeten el fair play, de eso se trata este juego”, recalca Estay antes del silbato que dará inicio al enfrentamiento.
El respeto por el juego limpio es una norma fundamental del paintball. Y en Chile también lo es su alto precio: desde los 8 a los 12 mil pesos por persona para formar equipos que van, en promedio, desde los cinco jugadores en adelante. Si se suma la cantidad de pesos por una hora de tunazos, tenemos una cantidad que supera, tranquilamente, las 100 lucas.
“El paintball es caro. Existen ligas en donde juegan sólo los que tienen sus propias marcadoras (no son pistolas porque no te matan, te marcan)”, señala Raúl Mé ndez, dueño de Wargame.cl y quien tiene en mente la organización de una liga que promete precios más baratos. “La idea es que los que no tienen equipos puedan usar los nuestros a menor costo”, agrega.
Tras veinte minutos de fuego abierto, el árbitro pita el final de la primera parte del combate. El equipo que ha sufrido la mayor cantidad de bajas es el que debía tomarse la casa abandonada. La defensa ha sido exitosa. Las reglas del juego señalan que ahora es el momento de intercambiar los roles: defensores deberán atacar, y atacantes tendrán que defender la casa. Además, todos los eliminados pueden volver a combatir en la segunda parte -y final- del juego.
COMPRATE TU PISTOLA
Una marcadora, un hopper (en donde se alojan las bolas de pintura), un cilindro de CO2 y una máscara protectora constituyen el equipamiento básico para jugar paintball. Sus precios van desde los 100 hasta más de 600 mil pesos. “Esto depende del tipo de pistola que quieras usar. Por ejemplo, la más barata es manual y, por lo tanto, es más lento cargar y disparar la bala”, dice Pablo Langer, de Orbital S.A., empresa que distribuye equipos a través de su tienda ubicada en el centro de Santiago.
La experiencia de Langer en la venta de equipos le permite señalar que el paintball ha crecido considerablemente. “Por el tema del trabajo en conjunto, se juega entre amigos, eso hace que se motiven para tener su equipo. Acá llegan grupos completos que después de jugar se entusiasman y vienen a comprar sus propias marcadoras”, asegura.
La guerra en el Santuario ha sido descarnada y tras cuarenta minutos de juego, y de varios moretones en piernas, brazos e incluso una cabeza rota, el constante intercambio de paintballs se ha reducido al enfrentamiento entre dos contrincantes. El que marca al otro ganará el juego. Sigilosamente se mueven por las ruinas de la casa abandonada hasta que se encuentran cara a cara. Sin perder un segundo, uno le dice al otro:
-¿Dispara usted o disparo yo?
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